La vida de esta casa en Manizales transcurre entre sartenes, ollas y comida, así́ que su remodelación se centró en convertir este ambiente en protagonista.

Para reformar hay que entender el futuro. Imaginar las posibilidades que ofrece un espacio requiere creer que lo que hoy existe podría ser diferente; además, implica reconocer el potencial oculto en una arquitectura determinada. Muchas veces remodelamos un ambiente doméstico para cambiar su imagen, para actualizar la apariencia del entorno según lo que está de moda, pero modificar la casa puede ser también el vehículo para adaptarla a nosotros, a nuestros hábitos y necesidades. Esta acción nos permite hacer propio lo que inicialmente fue genérico y personalizar lo que se construye en masa, de manera que nuestra vida encuentre un lugar a la medida.

Cuando el chef Alejandro Trujillo y su esposa Catalina Botero buscaban una casa en Manizales, Caldas, necesitaban un lugar donde la cocina fuera el centro de todo. Esto implicaba encontrar una propiedad que pudiera transformarse para que su pasión por cocinar tuviera cabida. Con la asesoría de la firma local Casas Álvaro Uribe S. A., que además hizo el diseño y el desarrollo de la obra, decidieron adquirir una vivienda sencilla en un condominio campestre. Esta tenía una distribución espacial tradicional, pero su sistema estructural y constructivo permitía reformar con mucha libertad.

El arquitecto demolió la totalidad de los muros de la zona social con el fin de generar una estancia abierta para la cocina. Al hacer esto fue necesario soportar la cubierta con vigas nuevas de acero, las cuales quedaron expuestas al atravesar el área liberada y cuyo acabado oxidado contribuye al aspecto industrial del proyecto.

El techo a dos aguas es completamente blanco, lo que no solo aporta a la sensación de amplitud e incrementa el nivel de luminosidad en el interior, sino que lo configura como una superficie neutra para resaltar el mobiliario. Los pocos muros que se conservaron los pintaron con el mismo tono de blanco de la cubierta, junto con gris oscuro para terminar de establecer una paleta monocromática. La baldosa que instalaron en el piso está en todos los espacios intervenidos, de tal forma que se unificaran visualmente los ambientes.

Diseñaron la cocina como un lugar para compartir en familia y con amigos. Al estar completamente abierta hacia el comedor y el salón, se convierte en un gran mueble para exhibir los utensilios, donde todo está a la mano.

Desde los condimentos hasta las ollas, los objetos propios de esta estancia adquieren la condición de piezas para ser vistas.  Por otro lado, en la cocina llevan a cabo clases y eventos relacionados con el arte culinario, con la participación de varias personas al tiempo. Los mesones de madera destacan sobre el telón de fondo que arma la arquitectura, mientras la carpintería de acero con pintura gris se mimetiza. En las habitaciones aplicaron los colores de la zona social y reformaron los baños para ganar luz natural y área.  Este proyecto propone una arquitectura abierta donde solo permanece lo que es necesario, donde no sobra nada. En él, antes que construir sobre lo existente se decide demoler para encontrar la posibilidad oculta de un espacio unificado y amplio.

La paleta de color implementada y el diseño de la iluminación hacen que lo construido pase a un segundo plano para que los objetos, adquiridos con el tiempo durante viajes por todo el mundo, aparezcan como protagonistas. Y, finalmente, recoge sus estrategias en torno a un solo espacio, el más importante, para no hacer una casa con una gran cocina sino una cocina acompañada de una casa.

POR: REVISTA AXXIS Mayo2017 https://revistaaxxis.com.co/arquitectura/una-sorprendente-casa-en-manizales-en-la-que-la-cocina-es-protagonista/